Escritora y digital marketing manager

Productos antes que personas, ¿en qué nos convierten las redes sociales?

Productos antes que personas, ¿en qué nos convierten las redes sociales?

Lidérate como una buena profesional, agradable, resolutiva, con carácter pero sin pasarte. Opiniones y consejos los justos. Ten un gran sentido del humor pero no te pases de lista.

Encuentra tiempo para leer, meditar, cuidar tu hogar, reciclar y cocinar comida ecológica. Sana, y de temporada. Pero no demasiado que sino das “yuyu”.

Mientras: sé sociable, destaca en tus hobbies y crea una familia formándote como madre perfecta.

Haz deporte tres veces por semana, cuídate y relájate. QUÉ – TE – RE-LA-JES.

Sé libre pero no libertina. Mantén tu vida sexual activa. Repite que eres libre y creételo, muy fuerte.

Adopta un animal de compañía que no se puede ser egoísta en esta vida.

La ropa conjuntada y bien limpita, pero pon tus límites, que lo de ser sumisa y/o ama de casa ya no se estila.

Recuerda: cuando te sobre algún hueco, planea tus vacaciones en una playa recogiendo plástico y protegiendo el ecosistema, joder, qué esto es un desastre.

Y sonríe chiquilla, que estás más guapa (ya sabes que maquillaje el justo, tienes que ser #guapaperonatural , que eso siempre es un plus).

Y tras todos estos consejos que nos regalan las redes y nos convierten en los productos que nuestros followers quieren, antes que en personas, os digo…

Que me corté el pelo porque ya bastantes enredos tenía en mi cabeza como para andar peleando con el cepillo cada día. Curiosamente, la gente que me rodea me ve mejor que nunca. Los fetiches de pelo largo no me vieron nunca con el moño despeinado… ¡Está claro!

Resignarme al push up, el waterproof, la espuma y el difusor me llevó veintinueve años. “Sólo las puntas y ondulado, por favor. Que parezca natural, como si me lo hiciese yo. – ¿Tienes medias de las que aprietan el vientre y reducen los complejos? -. Yo ensalada y pollo a la plancha, tú olvídate del rebozado…”, que mientras me olvido yo de mí.

Nada de pelos fuera de la línea del bikini, no sea que deje de ser un objeto y me dé algo. Sí, no sea que me oculte tanto que deje de ser yo para pasar a ser la idea que tienes tú de mí.

Subiría esto a las redes, pero a ver qué van a pensar. ¿Y eso de escribir para todos los públicos? Ni hablar. Mejor reivindico alguna causa social que queda mejor y me siguen más. Así que mejor, olvidemos que escribir nos da la vida, y quitémonosla haciendo de lo pasional algo comercial.

Empiezo a sufrir crisis de identidad, sobre todo cuando me atavío con esas prendas que combinan tan bien con una bata y un “quédate en casa una temporada” afiliada a la manta y el sofá. Después de seis años de revolución personal, de repente… ¡Un flash!

Y ahora aquí estoy, sin pinturas, ni pelazo, ni push up. Queriendo ser feliz hasta rabiar. Repasar este punto de inflexión  para ponerle fin a tanta falsedad. Siendo más mía que de nadie y no un prototipo social…

Los que me conocen saben que centrifugo a 1800 rpm y me da por pelearme con la vida, otra vez.

Que no me da la gana maquillarme, ni llevar “cosas de chicas”, ni depilarme con láser ni mucho menos cada día, ni hacer lo que sea “políticamente correcto”, porque con tacones a los cinco minutos ya me he caído al suelo.

Y sí, luego me arrepiento, porque no, no me han enseñado eso.

No me han querido libre. “Estefaníiiiia, quítate los pelos de la cara y ponte muda limpia, no vaya a ser que te pase algo y te vean de mala guisa“. Sanitarios del mundo, no tengo nada en contra de ustedes, pero a veces… A veces, podría rayar un limón con las uñas de los pies, y llevo unas braguitas desteñidas (y muy cómodas). Otras, podría hacerme trenzas de pelo enredado y tengo pelusas en el ombligo. Como ustedes. Como ellas, y ellos, y todo el mundo. Aunque la sociedad no nos deje reconocerlo (y reconocernos) por miedo a ser tachados de cualquier cosa…

Me importa bien poco no pensar el por qué no he leído todavía obras literarias de obligada educación, y que el pensamiento que cortocircuite mi hipotálamo sea la colocación de los pelillos que se me escapan de las horquillas.

Estamos creando monstruos. Y podría haber utilizado este post para escribir algo bonito, pero me siento en la obligación de avisaros:

Las redes sociales en vez de acercarnos a la gente que está lejos, nos alejan de los que tenemos cerca.

Menudos cachos de mierda somos la mayoría del tiempo.

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4 pensamientos sobre “Productos antes que personas, ¿en qué nos convierten las redes sociales?”

  • Comparto contigo la desvirtuada realidad que a través de las redes sociales “vendemos” para, como seres sociales, ser parte de la misma. Eso sí, de esa sociedad no social; donde la naturalidad es antinatural y poco aceptada. Me sumo a “cachos de mierda” que nos llegamos a convertir por agradar a esos “nadies” que nos engordan el falso ego construido en bases absurdas.

  • Me uno a tu “lucha”, volver a ser YO, no la idea que los demás tienen de mí.
    Cuántas verdades juntas, tan conectados y cada vez más lejos, tan de prototipos dejando de ser nosotros, al final acompañados y sintiendonos tan solos.
    Yo también quiero ser feliz hasta rabiar.

    • ¡Qué buena decisión! Estoy convencida de que con este entusiasmo sabremos aceptarnos y estar en paz con todo cuanto ya somos y tenemos. Gracias infinitas por tu tiempo de lectura y comentario. Felíz día 🙂

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